SABOR
No puedo recordar todas las veces que mis papás me golpearon o me agredieron verbalmente. Literalmente no puedo recordarlo porque mi subconsciente lo bloqueó. Honestamente, a estas alturas de la vida, ya no me importa. El amor dejó de ser símbolo de violencia para mí desde hace mucho.
Soy Cristal Sandoval Carranza. Nací un 18 de octubre de 2007.
Me criaron bajo la doctrina de lo imposible, pero un día decidí batir todos esos dogmas y comérmelos como a un helado. Desde entonces descubrí que hay sabores que me disgustan y otros que me encantan; sabores que me dejaron de gustar y sabores que aún no he probado. Las posibilidades de combinación son infinitas. No quiero probarlos todos, quiero navegar por las aguas correctas que me llevarán a los adecuados.
Soy Román Pascual Ontiveros. No recuerdo mi fecha de cumpleaños porque hace mucho que no lo celebro. Mi hijo me da regalos en su cumpleaños o en el Día del Padre.
Tuve un sueño, pero ya lo olvidé.
Todos los días intento ser un padre y fracaso a cada minuto.
Ayer murió mi abuelita, mi verdadera madre.
Mi vida es un árbol que tiene más ramas secas que follaje. Estoy aguardando el día en que la última hoja se desprenda.
Ayer me preguntaron que a qué sabe la vida. Yo respondí que a pollo crudo. La persona que me lo preguntó me dijo que pensara en el sabor de un helado. Le dije que como buenos mexicanos deberíamos inventar un sabor a insecto. Un sabor a grillo me parecería algo original. No creo que sepa a nada. Mi vida no sabe a nada.
20 es el número de tatuajes que hacen lucir mi piel como un libro ilustrado. Un libro infantil, para colorear. No tengo hijos, tengo sobrinos y pienso que a ellos les encantaría ponerle color a mi cuerpo. “Tía, Cris, ¿podemos iluminar tu rana?”, me preguntó ayer mi sobrino Esteban, hijo de mi hermano Rigoberto.
Ayer acudí al entierro de una persona sumamente importante en mi vida. Llegué tarde, pero encontré a un viejo amigo. Lo acompañé mientras fumaba un cigarro. Me ofreció uno. Le dije que llevaba 5 años sin fumar. “¿Cómo lo lograste? Yo ni siquiera lo he intentado”. Le dije que cuando uno se acostumbra a tachar objetivos de su lista de pendientes reúne la motivación suficiente para no parar. ¿Qué lograré mañana?
Cristal y yo hablamos de muchos temas, pero cuando llegó el momento de hablar del amor me paralicé. Le dije que no quería hablar de eso. Ella no insistió, pero me dijo algo que no pude ignorar: “te amo, Román”. No lo creí cierto. Lo tomé como una burla hacia a mí.
Te amo desde la última vez que te vi, le dije. Me tardé muchos años en comprenderlo. Pero el amor siempre muestra su forma aun cuando todo está brumoso. Yo supe leerla. La palpé. Lo que sentí por Román, antes conocido como Grillo, fue enamoramiento. Esa plasta que nació en mis entrañas se solidificó. Ahora no la puedo arrancar de mi interior. El amor echa raíces y quiebra los rencores más duros como el concreto de las banquetas.
Si es cierto lo que dice Cristal, yo no puedo corresponderla. La amé cuando era Salamandra, pero se acabó en el momento en que me dejó de escribir. ¿Qué espera que le diga ahora? Esperé durante años a que volviera y nunca me buscó. En cambio, estuvo por ahí saltando de persona en persona, amando a todo el que se le cruzara en frente. ¿Y yo qué? No sabe cuánto sufrí por ella. Mi primer amor, mi único amor. No puedo tomar su revelación como un elogio. Más bien siento que escarba en mi herida. Tu amor me sabe a pus, Cristal. ¿Te gusta ese sabor?
Román y yo éramos muy jóvenes cuando nos enamoramos. Pudimos haber experimentado con nuestras emociones, descubierto nuestras pasiones; pudimos haber atestiguado el florecimiento de nuestra sexualidad. Tantas cosas bonitas pudieron haber surgido si tan solo hubiéramos sabido que eso se llamaba amor. Sin embargo, el amor existe aunque uno no sea consciente de él, y si bien nuestro amor no nos supo a nada, hubo otras personas que pudieron degustarlo, otras personas a las que les encantó, otras personas que sí sabían que lo que pasaba entre nosotros era amor. A ellas la vida les cambió cuando se sirvieron una probadita de nuestra compañía.
No me importa lo que diga Cristal, antes conocida como Salamandra. Yo no puedo ver nuestra historia a través de un filtro romántico como ella. Me duele. Me duele ella, me duele su ausencia, me duele su regreso. Yo lo único que aprendí de nuestra experiencia es que cuando dejas a ir a una persona una parte de tu alma se desprende y se va con ella. Esa parte es la que intenta regresarme ahora. Pero lleva tanto tiempo fuera de mí que ya no me pertenece. Estoy decidido a rechazar su propuesta.
— Cristal.
— Román.
— No puedo.
— Sí puedes.
— No sabes.
— Sí sé.
— Me dele.
— Entiendo.
— Sólo vete.
— Mmm…
— Te lo pido amablemente.
— Mmm…
— No me vas a regresar…
— ¿Esa parte de tu alma?
— Se quiebra.
— No. Yo la sostengo.
— Esa última hoja…
— No se va a desprender.
— Las hojas de los árboles no vuelven a crecer.
— Tus raíces.
— ¿Qué?
— Aún son fuertes.
— No puedes verlas.
— Sé que están ahí porque te veo de pie.
— Sólo sirven para mantenerme de pie.
— ¿Has visto a las lagartijas que pasan horas pegadas a un tronco tomando el sol sin inmutarse?
— Sólo eso.
— Sólo eso basta.
— ¿Sólo eso?
— Sólo eso.
— No lo creo.
— ¿Quieres ver que sí?
— ¿Quieres ver que no?
— ¿Quieres ver que sí?
— ¿Quieres ver que no?
Protocolo para llevar a cabo nuestra última misión:
El día 27 de noviembre a las 12:53 horas se llevará a cabo la última misión de La Dulce Compañía.
El equipo conformado por Grillo y Salamandra arribará 7 minutos antes de la cita. Se dictarán los lineamientos para llevar a cabo la encomienda y se procederá a dar inicio cuando el reloj dicte la hora acordada.
Los objetivos han sido plenamente localizados. Los insumos han sido recabados. Los imprevistos han sido identificados y se ha elaborado un plan para neutralizarlos.
De común acuerdo, los miembros fundadores de La Dulce Compañía han establecido finalizar su relación después de concluida la empresa, con el compromiso mutuo de no volver a verse nunca más.
Dicho evento marcará el fin de una etapa en sus vidas. Se procederá a darle un cierre adecuado al vínculo establecido entre ambos y sellarán el pacto con un fuerte abrazo.
Hacer que las cosas sucedan tiene un precio, por lo cual es sensato decidir cuándo detenerse.
Los abajo firmantes decretan que el presente acuerdo es confidencial, por lo cual agradecemos al público lector su entera discreción.
Grillo
Salamandra
La Dulce Compañía
Comentarios
Publicar un comentario