ÁNGEL
“¡Todo lo que no sabías sobre la nueva película de Disney!”
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“Imagínate vivir en Suiza y perderte esto”.
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“Si tienes a un pisciano en tu vida, agradece”.
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“Cuando tu loba te ve llegar del jale y te pregunta que si la amarías si un día despierta y es un elote”.
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“Este hombre no sabía que su espada contenía algo en su interior”.
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“¿Qué pasaría si EU invadiera a México en este momento?”
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“Cómo preparar el beso de ángel más rico de todos. La recete definitiva”.
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Pienso que la representación de los ángeles a lo largo de la historia dice mucho de nosotros como humanidad. Desde tener a estos seres amorfos y aterradores a representarlos como bebés caucásicos y etéreos marca una clara diferencia en los anhelos divinos de una era humana a otra.
Hoy en día los ángeles son confidentes, custodios, mensajeros, vínculos entre lo terrenal y lo celestial. Un toque angelical reforesta cientos de acres consumidos por las llamas. Un ángel con su espada, con su arpa, con su trompeta, con su mirada es capaz de desterrarnos de la infernal miseria.
Hay ángeles a nuestro alrededor limpiándonos la inmundicia de la cara. No se tiene que ser muy listo o muy devoto para percibirlos.
Hola. Mi nombre es Salamandra. Nací un 18 de octubre de 2007 y en otra vida identifiqué el amor que siento por Grillo de inmediato. En otra vida él y yo fuimos novios. En otra vida él y yo descubrimos nuestra sexualidad. En otra vida nos casamos, tuvimos hijos y fuimos felices para siempre. En otra vida tuvimos un amorío de ensueño con ángeles cantando a nuestro alrededor. Pero no en esta vida. En esta vida Grillo y yo tardamos en descubrir qué es el amor y tardamos en descubrir que lo sentíamos mutuamente y eso cambió un poquito las cosas.
Hola, mi nombre es Grillo y fui tan estúpido que no sabía que hace 14 años me enamoré por primera vez. Ese error lo pagué caro. Hoy en día no tengo la capacidad de amar. Ni siquiera estoy seguro de ser capaz de amar a mi hijo. ¿Y si hubiera sido lo suficientemente sabio para identificarlo en el momento en que sucedió? Probablemente mi vida no sería una época oscura con cientos de demonios carroñando mi carne.
Mi nombre es Grillo y el día de hoy acepté volver a llamarme así, ya que me puse el traje de héroe y me dejé convencer por mi compañera Salamandra para refundar La Dulce Compañía y despedirla con una última misión.
La misión básicamente es… Amm… ¿Cómo explicarlo?
Es difícil resumir nuestra misión, ¿sabes?, pero nosotros la tenemos clara.
Bueno, no es que sea difícil explicarla, más bien creo que sería difícil que la entendieras.
¿Recuerdas a la tía Zopilota y su familia de chacales?
Hay una “vieja amiga” que, digámoslo así, “recomendó nuestros servicios” a un “amigo” suyo hace mucho tiempo.
Bueno, pues acordamos ayudar al examante de la tía Zopilota. Agradezco su discreción, ya que ella desearía conservar la imagen de mujer devota a su marido que tantos años le costó construir.
El amor en el 2038 es una cosa… Bueno. Hace mucho tiempo, poco después de que Grillo huyera en la camioneta de su tío, me reconcilié con mi amiga Caro. Le pedí disculpas por revelarles a sus tíos que éramos amigas. Lo comprendió, pero unos días después me comunicó que su tía Zopilota me estaba buscando. Miedo y lo que le sigue es lo que tuve, pero ella no quería hacerme ningún daño. Realmente quería mi ayuda. Como confiaba en Caro acepté reunirme con su tía de nuevo. Más o menos me dijo esto:
Mija: ya, pues, olvidemos lo que pasó en mi casa. No quiero que te sientas incómoda. Me mentiste, pero lo hiciste por hacerle un favor a tu amiga, a mi papá e incluso a nosotros mismos. Respeto eso.
Estuve investigando sobre ti en el chingado TikTok y hay muchos videos sobre su grupito. Es más, ya hasta tienen imitadores. Pero es gente pendeja que nomás quiere fama. A ustedes sí les creo que lo hagan de corazón.
Mira, yo lo que te puedo decir es que no renuncies al amor. Ya me contaste que tu novio se fugó y que ya no se hablan. No te recomendaría que lo buscaras porque las mujeres nos vemos muy mal cuando andamos de rogonas. Creo que si regresa es para ti, y si no, nunca lo fue.
Si regresa ya no lo dejes ir, mija, ya no vas a volver a amar a nadie como a tu primer amor. Yo llevo quién sabe cuántos años de casada con mi marido y te juro que me mira unas 3 veces e intercambiamos menos de 20 palabras al día. Él no deja su celular y yo no dejo de trabajar. Nos metemos a la cama y no nos damos ni las buenas noches. Pero eso no significa que yo haya renunciado al amor, ¿verdad? Una tiene que encontrar el querer por otros lados. Una no es de palo. A todas nos gusta que nos traten bonito y nos den detallitos. Si entiendes lo que te estoy diciendo, ¿ve’a?, pero aún así se sufre, en el amor siempre se sufre.
Bueno, pues el motivo por el que te contacté es porque quiero que me ayudes con un encargo. Ya sé, me acabas de decir que ya renunciaste a tu grupito. ¿Qué te parece si esta vez lo haces por dinero? Sería como un trabajito extra en el que usarías tus habilidades. Le quitamos lo noble al acto, realizas la misión tú sola y ya no sería lo mismo que haces con tu novio, ¿verdad? Con este dinerito le puedes pagar lo que le debes a tu madrina, ves que me contaste que andas endrogada con ella, y no sentirías arrepentimientos morales. Esos déjamelos a mí. Yo sé cómo manejarlos.
No te preocupes. No te voy a pedir nada ilegal ni esas cosas que te estás imaginando. Nomás quiero que lleves una carta. ¿Verdad que puedes hacer eso tan sencillo? Es la forma más fácil de hacer que las cosas sucedan. En nombre del amor te lo pido. Necesito un angelito que me resuelva este problema.
En fin. El pedido no llegó al amante. Yo hui para evitar represalias. Efectivamente, con el dinero le pagué a mi madrina. Tuve que alejarme de Caro nuevamente y jamás supe de la tía Zopilota ni de su familia de lángaros, hasta hace unos días…
El examante de la tía Zopilota, Milton, nos ha contactado para saber qué pasó con una carta que debieron haberle entregado hace 14 años. ¿Por qué Salamandra aceptó esta misión?, ¿por qué yo acepté esta misión?
Cállate, Grillo. No te atrevas a contarles todavía o arruinarás el suspenso.
— Bueno, mi estimado Grillo, parece que llegamos a la dirección.
— Me parece correcto, mi estimada Salamandra.
— Mi estimado, Grillo, ¿te apetece un chocolate?
— No me apetece en lo absoluto, mi estimada Salamandra.
— ¿Sin arrepentimientos, mi estimado Grillo?
— Te he repetido incontables veces que sí, mi estimada Salamandra.
— Mi estimado Grillo, veo que se abre la reja eléctrica.
— Mi estimada Salamandra, el susodicho nos ha hecho una invitación a entrar en su mansión.
— Mi estimado Grillo, ésta es nuestra última misión.
— Me parece que eso ha quedado más que claro, mi estimada Salamandra.
— ¿Entonces por qué le tiembla el párpado, mi estimado Grillo?
— Es por la emoción, mi estima…
— ¿No van a entrar o qué?
— Sí.
— Disculpe.
Mármol por todos lados. Piso de madera. La piel de un tigre fungiendo como alfombra. Muros con acabados rústicos. Vitrales. Fotografías con gente poderosa colgando de las paredes. Chimenea. Cocina industrial. Creo que esas son armas de tribus africanas. ¡Una taza de baño de oro! ¿Una jirafa en el jardín? Cuánto lujo, pero sobre todo, ¡cuánto mal gusto!
El tipo luce un bronceado cobrizo, parece una estatua recién fundida. Su piel tiene tatuajes con tinta blanca; parece que lo rayaron con gis. Porta unos lentes triangulares que reflejan con intensidad la luz de sus candelabros. Se dejó el bigote canoso del que le cuelgan diamantes. Cubre su cuerpo tilico con una bata con estampado de jirafa. De su cuello cuelgan los colmillos de una fiera chapados en oro. Fuma una pipa como si fuera Sherlock Holmes. Calza sandalias de una marca fina. Mueve sus extremidades escurridas como si fueran fideos.
— ¿Tuvieron problemas para entrar?
— Un poquito. Los vigilantes son algo bruscos.
— Es una zona residencial, mi niña. Debes entender que tienen que ser hoscos.
— Fuera de eso, nada.
— Me alegro. Bueno, a lo que vinieron. ¿Trajeron la carta?
— Primero nos gustaría ponernos cómodos.
— Ja, ja. Vámonos a la alberca. ¿Qué quieren tomar?
— Cognac.
— Bourboun.
— Vámonos, pues. Joel ahorita nos llevan las bebidas.
El hombre no disimuló su desesperación y fue bastante grosero cuando Grillo se tiraba clavados y yo nadaba de muertito en la alberca.
— No vienen a hacerme pendejo, ¿verdad? No, no, no. Ustedes no quieren hacer eso.
— Los pendejos somos nosotros, señor Milton… Oh, mi cognac. ¡Gracias!
— ¿Otro bourboncito?
— Otro estaría bien.
— Este…
— Ya sabemos que lleva prisa. Vayamos al grano entonces. Joel, mi niño, hazme el favor de traer mi mochila.
— ¿Disculpe?
— Joel, hazle caso a mi invitada, por favor. No quieres que me enoje. No, no, no. Tú no quieres eso.
— Enseguida, madame.
— ¡Uy! ¡“Madame”!
— Nunca te habían dicho así, ¿verdad, mugrosa?
— ¡Cállate! Ja, ja.
— ¡Cof! ¡Cof!
— Ah, sí. A lo que veníamos: señor Milton, La Dulce Compañía se enorgullece en ofrecerle sus servicios.
— Gracias.
— Como se lo comentamos, nuestra empresa no tiene ningún fin lucrativo, por lo cual rechazamos cortésmente su donativo.
— Gracias.
— ¡Ay! Aquí está mi mochila. Gracias, Joel.
— Para servirle.
— ¿En qué estaba? Péreme, deje le doy un traguito a mi copa.
— Mmm…
— ¡Ay, perdón! Otra vez me estoy distrayendo. En fin. Déjeme sacar la carta. A ver, ¿dónde está?, ¿dónde está?… ¡Ah! No, éste es un recibo.
— Mmmm…
— ¡Ya! ¡Aquí está! Tome.
— ¿Disculpa?
— Aquí está su carta… Ay, cuidado, no se le vaya a caer.
— Espérame. No la estoy agarrando bien.
— ¡Aguas!
— No te muevas tanto.
— ¡Se va a caer!
— Acércate más.
— A ver. Espéreme. Ahí está.
— Me pones de nervios. Ya la agarré. Uf. Bueno. Vamos a ver… ¿Qué es esto?
— Su carta.
— Está abierta.
— Ajá.
— ¿Así la tenías?
— Sí. Yo la abrí.
— No me quieres decir eso, ¿verdad? No quieres.
— Sí. Sí quiero.
— Amigo, fíjate cómo me está hablando tu novia.
— Ya me fijé y no es mi novia.
— ¿Me quieres explicar por qué chingados abriste mi carta?
— Lea lo que dice y se lo explicará usted solo.
— Chingada… Yo… No mames… Es que no puede ser. No puede… A ver, ¿cómo se saca esta porquería? Una pinche carta. Hace siglos que no nos enviamos cartas, pero ella necia con que esa era la única manera y la chingada. A ver. No veo ni un carajo. ¡Joel! Háblale a mi mamá y dile que su pinche operación no sirvió. No estoy viendo nada.
— Señor, tiene la carta al revés.
— ¿Esta chingadera tiene revés? No puede ser. Te juro que no puede ser. Yo… ¿Qué?
— Ajá.
— ¿Qué?
— Exacto.
— ¡¿Qué?!
— Por supuesto. Yo también reaccioné igual.
— ¿Estás segura de que ella te la dio?
— Nunca hemos mentido en nuestra compañía.
— ¡Cof! ¡Cof!
— ¡Ah, sí! Una vez, pero nada más esa.
— Puedo saber si es su letra. Joel, ve a escanear esta chingadera inmediatamente y dime si es la misma letra que la de Apolonia.
— Le garantizamos que no hace falta.
— A ver… Me estoy estresando. Ustedes no quieren que me estrese.
— No, señ…
— ¡No respondan! Ya me estoy poniendo muy ogro. Y ustedes no quieren… en fin. ¿Ella quería que yo matara a su marido?
— Así es.
— Señor.
— Dime, Joel.
— El escaneó arrojó estos resultados.
— No me los envíes al chip intradérmico, Joel. ¡Habla, chingá! Tienes boca. Todo quieren que lo hagan los pinches robots. Vale madre.— El escaneo confirma que la letra de la carta es la misma que la de la señora Apolonia.
— ¿Ya vio que sí es cierto?
— Pfff…
— ¿Por qué querría que matara a su marido?
— No me corresponde responder eso.
— Su marido era muy funcional para ella y su familia. El tipo era el pilar de sus negocios. Si saben de qué negocios hablo, ¿verdad?
— Sí sabemos.
— La familia del marido metió a Apolonia y a sus hermanos en el negocio. Sí, el tipo era un imbécil. Nada atractivo ni varonil. Una vergüenza como ser humano.
— Por decir poco.
— Pero tenía poder. Eso era lo importante. No le convenía matarlo. Ni siquiera por herencia. El tipo no tenía nada a su nombre.
— ¿Cuál sería la verdadera razón?
— Ella no quería matar a su esposo. Quería matarme a mí.
— ¿Ah, sí?
— Sabía que si yo planeaba un asesinato, por muy bueno que fuera haciendo eso, no digo que lo fuera, ¿verdad?
— Por supuesto que no.
— Sería muy difícil que yo atravesara todos los filtros de seguridad. Era un sujeto sumamente protegido. Me habrían matado a mí. Y aún si lo hubiera consumado, su familia me habría encontrado fácilmente. En ese entonces yo no tenía el poder que tengo ahora.
— ¿Por qué lo quería matar?
— Porque le dije que la amaba.
— ¿Cómo?
— Era joven. Tenía 20 años. Ella fue mi primer amor. Una mujer poderosa. Le encantaba lucir bien y tenía carácter. Yo hacía “encargos” para ella. Después empecé a “atenderla” en otros menesteres, ¿sí me entienden?, ahí surgió nuestra relación. Obviamente me enamoré. Se lo confesé una noche, en su cama. Le dije que haría cualquier cosa por ella y era verdad. Ella me vio con lo que yo pensé que era ternura, pero en realidad era pena. Le pregunté si sentía lo mismo. Prometió responderme al día siguiente. Le dije que me enviara un mensaje. Me dijo que lo mejor era enviarme una carta. Algo de romántico tenía esa propuesta. Acepté.
— ¿No lo amaba realmente?
— Pienso que sí, pero sabía que yo no la podía amar. Con su marido tenía la fortuna asegurada. Yo representaba una amenaza para esa estabilidad. Hay cosas más importantes que el amor.
— ¿Por qué no sólo le rompió el corazón y ya?
— Porque era suyo. Porque quería tener el control sobre mí. Si yo hubiera sabido que prefería a su esposo antes que a mí tal vez hubiera enloquecido de celos y habría cometido una barbaridad.
— Pero usted ya había cometido muchas “barbaridades”.
— Matar a alguien pobre es un favor a la sociedad. Matar a alguien poderoso sí que sería una barbaridad.
— Ah, ok.
— Supongo que quería que nuestro amor muriera conmigo. Su vida habría sido más fácil, pero más que eso, la sensación de poder que le daba el controlarme a mí y controlar a mi amor era una especie de satisfacción insana que sólo ella sería capaz de tener.
— ¿Qué hizo cuando no recibió la carta?
— Lloré. Me hundí en la miseria, pero imaginé que no me quería por serle insignificante, no por preferir a su esposo. Entonces no enloquecí de celos. Simplemente desaparecí y no la volví a buscar. Ya sabes: el orgullo.
— O la dignidad.
— O el contacto cero.
— Hace poco me enteré de la muerte de Apolonia. Supongo que ustedes ya lo sabían.
— En realidad no.
— Falleció el año pasado. Desde entonces estoy sumergido en una profunda depresión. Ni todos mis yates, ni todas mis novias, ni todos mis aviones me hacen pensar en otra cosa. Hay cosas que el dinero simplemente no puede comprar.
— ¿Ah, sí?
— Por eso los busqué a ustedes para que me ayudaran. Apolonia me contó sobre su misión. Vi los videos. Usé todas mis influencias para contactarlos. Fue mucho más fácil encontrar a Salamandra, ya que ella compra muchas drogas y eso deja rastros.
— ¡Ups!
— Me sorprendió que accedieran a realizar esta misión. Me alegré mucho cuando Salamandra me dijo que ella tenía la carta en su poder. Entonces prácticamente no tuvo que investigar ni recuperar nada. Digamos que no fue una misión como tal.
— Amm… Esa no es nuestra verdadera misión. Nosotros nos preparamos para otra cosa.
— ¿Qué cosa?
— Estoy confundido. ¿Está enojado con nosotros?
— No, Grillo. Para nada. Al contrario. Estoy muy agradecido.
— ¡Mierda!
— Están… ¿Decepcionados?
— Creímos que de verdad se iba a enojar mucho.
— Bueno, pero ya saben por qué no me enojé.
— Exacto. Y eso quiere decir que fracasamos en nuestra misión.
— No entiendo.
— Esperábamos que se molestara por no haber recibido la orden de haber matado al marido de Apolonia y eso frustró las cosas entre ustedes.
— Pensábamos que eso le iba a enojar. Pero en realidad descubrió que todo era un plan para matarlo a usted y se sintió agradecido.
— No entiendo, ¿por qué querían que me molestara? Saben lo que les hubiera pasado si me hubiera molestado, ¿verdad?
— ¡Exacto! Nos habría hecho un gran favor.
— Ustedes quieren… ¿Morirse?
— Mmm… Entendemos que podría habernos asesinado. No es exactamente igual.
— ¿Por qué?
— Haciendo un repaso de nuestros días, decidimos que hoy sería el día de nuestra muerte. No muchas personas pueden elegir cuándo y cómo morir. Queríamos ser dueños de esa decisión. Queríamos morir haciendo lo que más nos gusta en la vida: hacer que las cosas sucedan.
— Pero… ¿no les gusta vivir?
— A Salamandra sí, pero ya vivió todo lo que tenía que vivir. A mí no porque viví todo lo que no quise vivir.
— Lo que dijo Grillo.
— Qué tipos tan raros, ¿no lo crees, Joel?
— Ya lo creo, Señor.
— Miren. Podría matarlos ahora mismo para hacerles el favor, pero la verdad es que no quiero. No hago cosas que no quiero. Y si les soy sumamente honesto, creo que ustedes no quieren morirse. No, no, no. De verdad no quieren eso.
No morimos ese día, pero esa fue nuestra última misión.
Fracasamos y triunfamos al mismo tiempo. No sé si me explico.
Ciertamente a Grillo no le gustaba su vida, ¿pero querer morirse?
¿Cómo podría saber Salamandra que ya vivió todo lo que tenía que vivir?
Creo que lo menos que podemos hacer por el legado de Granito es hacer que las cosas sucedan día a día. Grillo y yo ayudamos a algunas personas, pero en este momento él y su hijo requieren más ayuda que nunca.
Salamandra es una persona sumamente amada por su círculo cercano: su madrina, su hermano Rigoberto, sus antiguos vecinos, sus novios, sus amigos e incluso yo. Sé que mucha gente la ha tratado mal, pero es porque estaban asustados de ella. Pero si la dejas florecer terminas adorándola. Nosotros la adoramos. En parte lo hacemos porque es carismática, pero sobre todo por las cosas que ha hecho por nosotros. Creo que La Dulce compañía sólo fue una motivación para ella.
Cuando conocí a Grillo por primera vez sentí que mi vida podría fluir hacia un lugar. Todas las cosas que me dijeron que tenía que hacer nunca me satisficieron. Ni la escuela ni el trabajo ni el matrimonio ni lo hijos ni siquiera el amor. Nada de eso me produjo tanta satisfacción como lograr las cosas.
Cuando conocí a Salamandra sentí una calidez nunca experimentada. Antes de que me dijera “¿qué me ves?” ya sabía que me iba a caer bien porque sentíamos atracción mutua. No existen las almas gemelas, pero sí las almas que se combinan a la perfección. Como una buena receta de cocina, un poema, las notas musicales en una canción, la composición cromática de una imagen. Es armonía. Uno debe de buscar alguien con quien combinar sus gustos, intereses y objetivos. Esa es la persona con la que debes estar. Tal vez no para siempre, pero sí durante el tiempo que la combinación produzca armonía. No se trata de ser novios ni casarse ni estar juntos para siempre, sino de aprovechar el tiempo de convivencia al máximo.
Grillo y yo no nos alejamos para siempre. De vez en cuando nos hablamos, pero creemos que la relación que tuvimos hace 14 años y el chispazo que volvimos a tener hace unos días debe terminar. Fue una decisión consciente. Hoy nos comunicamos a través de nuestros dispositivos, pero sobre todo lo hacemos a través del pensamiento, que es más íntimo. Dialogamos mucho por medio del pensamiento. No me pregunten cómo es eso. Ustedes no viven en el 2038 para saberlo, pero algún día lo entenderán. Ayer tuvimos la siguiente conversación:
— Hello.
— ¿Qué pasa?
— Nada. Aquí. ¿Y tú?
— Nada.
— ¿Qué piensas de la muerte ahora?
— Que hay que dejarla ser. No hay que presionarla.
— Mis hermanos Mauricio e Ismael ya no me odian. Simplemente me olvidaron. ¿Te lo había dicho? Sólo me queda Rigo, como siempre. Me está eternamente agradecido por lo que hice por Sebastián el teporingo.
— ¿Y tu mamá?
— Se volvió a casar y no he sabido nada de ella.
— Igual que mi tío Amaro y ya se volvió a divorciar.
— Bien por él.
— No. Mal por él. A ella sí la quería.
— ¿Te volverás a casar?
— Sabes que sí.
— Yo tal vez lo haga otra vez, ahora con mis novios.
— ¿Eso se puede?
— ¿Qué? ¿Vives en el 2007? ¡Claro que se puede!
— Creí que no creías en el matrimonio.
— Yo no, pero mi novia Aurora sí; mi novio Paolo aún no sabe qué creer. Yo estoy abierta a mirar otros puntos de vista.
— ¿Alguna vez miraste a través de mi punto de vista?
— ¡Por supuesto que sí!
— ¿Qué habrá sido del Tecolote y su gato Eutanasio?
— ¿Qué será de Paz, la hija de don Rodo, y su nieto Paquito?
— ¿Qué habrá sido de Daniela, Karla y Angy, las tipas del pódcast Tirando Netas?
— ¿Qué será de Juan Pablo y Duncan, los chicos fresas?
— ¿Qué habrá sido de Samantha, la fan de Taeyang?
— ¿Qué será de Zopilota, Toro, Renacuajo y Gallo?
— Zopilota, muerta; Renacuajo, encarcelado; Gallo, prófugo; Toro, cuidando a su papá enfermo en sus últimos días; su hermana Azucena le ayuda a cuidarlo. Los tres se reconciliaron. Nunca dejé de hablar con Toro y me cuenta los chismes.
— ¿Ibraham, el abuelito de Caro, se está muriendo? No lo sabía.
— ¿No hablas con ella?
— Apenas nos volvimos a reconciliar, otra vez, y todavía no llegamos a ese tema. Obvio que la voy a invitar a mi “boda”.
— El destino quiso que los conociéramos a todos.
— ¿El destino o nosotros?
— El destino es una señal del Universo.
— Sabes que al Universo no le importamos ni un carajo.
— Tienes razón. Entonces el destino es armonía.
— ¿Cómo así?
— La suma de los elementos y las condiciones necesarias para que un evento suceda.
— ¿No podría ser caos también?
— Sí. También. Depende.
— ¿De qué?
— ¡Yo qué sé! ¿Fuimos ángeles de la guarda para todas esas personas?
— Los ángeles son mensajeros. Nosotros no hicimos eso. Hicimos más. Pienso que podríamos haber sido demonios, de esos que te tientan a hacer algo que te va a gustar. Los ángeles son muy mochos y te prohibirían vivir deliciosamente.
— Un ángel probablemente no te recomendaría comer helado.
— No. Y menos del más atascado.
— ¿El banana split?
— O el beso de ángel. Irónico, ¿no crees? Es el helado favorito de los demonios.
— ¿Recuerdas cuando me enviaste ese tiktok de la receta definitiva del beso de ángel? ¿Qué me dijiste del tipo que impartía la receta?
— Que era un imbécil. No existe una receta definitiva. El mejor helado es el que combina los sabores que más te gustan.
Y así llegó la muerte de La Dulce Compañía, por obra del destino, que decidió que los caminos de Grillo y Salamandra se separarían, mas no así sus mentes, conectadas a través del pensamiento mutuo y el diálogo entre las almas.
Grillo y Salamandra se amaron para siempre, pero nunca se besaron, copularon, ni se acariciaron. Su amor trascendió el plano corpóreo, se extendió a través de la tentación a otras mentes y sus resultados.
Grillo y Salamandra no lograron todo lo que querían en la vida, pero algo les aseguro: estuvieron juntos y emprendieron una misión porque así lo quisieron, porque les encantaba, porque llenaba sus vidas de sabor, gozo y satisfacción.
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