EMPALAGO

Mi historia con La Dulce Compañía no fue tan terrible. Duró lo que tenía que durar y entiendo que nada es para siempre y que hay que dejar ir y eso es lo que hago. Apenas ayer di de baja nuestra página de Facebook; todavía antier nos llegaron algunos mensajes pidiéndonos favores.

Ahora miro hacia el futuro... ¿que cómo se ve?, pues desde mis ojos se ve mejor que desde el único ojo sano de Mauricio, ja, ja, ja. El imbécil ahora usa un parche. Se ha de sentir pirata o no sé qué. Ismael lloró como una nena cuando no pudo hacer nada para salvar el ojo de su hermanito. Todavía nos echó la culpa a mí y a Rigo de no haber interferido, como si no hubiera sido lo suficientemente vergonzoso que dos gandallas como ellos perdieran contra alguien tan pasivo como Román. Debería de culparse a sí mismo.

Hablando del rey de Roman, me enteré de que anda trabajando con el señor Toro en no sé qué asuntos. Como de comerciantes en la Central de Abastos o algo así. Cuando buscamos a su tío Amaro para saber de él nos informó que había encontrado la camioneta abandonada cerca de la carretera. Días después Román se comunicó con ellos para decirles que estaba bien, pero que no volvería en un tiempo, que se iría a trabajar con don Toro y que le enviaría dinero a su abuelita. Mi mamá pensó en demandarlo, pero Mauricio la detuvo, pues tenía vergüenza de que se hiciera pública su humillación. De todos modos el chisme se corrió por cortesía de don Rodo. ¿Qué se siente, culero?, ¿qué se siente andar en boca de todos?

Yo no he regresado a mi casa. Rigo me ha apoyado, me motivó a inscribirme a la preparatoria abierta. Puede que incluso regrese a mi escuela. Más que la flojera por estudiar, me da pena encontrarme a Caro. No se tomó nada bien lo que pasó en casa de su tía Zopilota. Me expliqué y me disculpé, pero entiendo que crucé una línea bastante personal. Confío en que me perdonará. Es una gran amiga. Sabemos qué pedo la una con la otra. Además, su abuelito sí quedó muy agradecido con nosotros por haber intentado unir a su familia. No lo conseguimos, pero nadie había estado tan cerca de lograrlo como nosotros.

Tal vez nunca regrese a mi casa. El ojito perdido de Mauricio fue demasiado para mi mamá. Nunca me va a perdonar. Me siento mal por mi madrina que ha tenido que cargar conmigo desde entonces. Para hacerle la carga más ligera me puse a trabajar. Monté un puesto de garnachas en la esquina de su calle. La verdad es que no me quedan nada mal y me he ido haciendo de clientela. Incluso estoy ahorrando para un nuevo tatuaje: me haré otra ranita, pero ésta va a estarse tomando un refresquito mientras reposa muy a gusto en la playa. 

Decidí hacerme el flequillo otra vez. Me pinté el cabello de un tono zafiro irisado azul. Me voy a hacer el septum y creo que es hora de maquillarme de otra forma. También ya tiene tiempo que no me compro unas botas. No estoy haciendo un cambio de imagen, estoy mejorando mi propia versión.

Todos los días me levanto a correr en las mañanas, después aprovecho para darle un rato a la patineta. Me aprendí un buen de trucos en poco tiempo. Estoy en mi prime. Regreso a la casa de la madrina y le preparo de comer, limpio un poco y me alisto para sacar el puesto. Ya en las noches, cuando recojo todo, regreso a bañarme y llega el momento más duro el día: el momento de la escritura. 

Unos días después del incidente del tuerto Mauricio me empecé a sentir irritada. No era un coraje como el que he sentido antes, era un sentimiento nuevo. La diferencia estaba en que iba acompañado de desesperación. Ansiaba una cosa, una sola cosa, pero no sabía qué era. Evitaba platicar con madrina. La ausencia de Caro lo volvía más difícil. A veces platicaba con Rigo, pero me desesperaban sus emojis, sus stickers, sus memes, sus notas de voz. Deje de responderle. Tampoco estaba siendo muy amable con los clientes; algunos de los recurrentes dejaron de ir al puesto. 

Después se empezó a sentir otro sentimiento. Era una nostalgia. Anhelaba algo, pero no sabía qué era. Me puse a ver las fotos de mi infancia en la computadora, me puse a leer viejas cartas, a desenvolver viejos regalos. Rememoré algunos de los pocos momentos de felicidad que viví, pero nada de eso aliviaba la nostalgia.

Después de eso llegaron también la angustia y la melancolía. Yo no sabía que todas esas cosas se llamaban así. Fue mi madrina quien me enseñó a nombrarlas. “¿Extrañas un momento de tu vida?, es nostalgia”, “¿sientes una tristeza inexplicable?, es melancolía”, “¿piensas que el control de tu vida se te va de las manos?, es angustia”, “¿sientes que no toleras la existencia?, estás irritada”. Y así…

No sabía cómo devorarme ese bufett de sentimientos. Inexplicablemente tomé el celular y empecé a escribir bloques enormes de mensajes. Parecía que estaba jugando al Tetris con los renglones que armaba y que borraba. Cuando me dirigí al botón de enviar me pregunté: ¿a quién le vas a mandar eso, Cristal?, dirigí mi vista al destinatario y se trataba nada más y nada menos que del señor Román. ¡Qué tonta! ¿Por qué le iba a escribir un mensaje a ese güey si ya ni hablábamos? Me reí mucho. Me carcajeé. Desperté a mi madrina con mi escándalo, pero al otro día lo volví a intentar. Me sentía como una sonámbula que entra en trance y no se da cuenta de lo que hace, hasta que le llega un ataque de consciencia y se detiene antes de que sea tarde. 

No podía arriesgarme a que un día la consciencia no viniera en mi rescate y enviara esos enormes párrafos que relataban cómo era mi vida diaria y que iban destinados a un güey que ya ni me hablaba, que ya ni se acordaba de mí; un güey por el que sentía asco, mucho asco. Ver sus manos ensangrentadas, su rostro violento, su expresión asustada, sus pies temblorosos, su urgencia por huir. ¡Qué desagradable ser humano! Él no merecía saber nada acerca de mis sentimientos. 

Entonces rompí mi celular pasándole la patineta por encima. Lo tiré a la basura. Si el estado de hipnosis repentina me volvería a sorprender, a lo mucho me sometería a escribir incontables párrafos en papel. 

Y así fue, por eso ahora tengo dos cuadernos con relatos sobre mis desgracias arrumbados en el escritorio de la habitación que antes era de la hermana de mi madrina. Estoy fumando con más frecuencia. Necesito encontrar una forma de calmarme.

Ayer entró mi madrina a hablar conmigo. Como una doctora de los sentimientos les echó un vistazo a mis síntomas y me dio un diagnóstico.

Cristalito, no te va a gustar nada lo que te voy a decir.
Estoy preparada.
No lo estás.
A ver.
Estás enamorada.
Ja, ja. ¡No!

Se cansó de darme argumentos, pero no me convenció.

Está bien. No te voy a insistir más. Sólo quiero que no te quedes con una idea equivocada del amor.
¿A qué te refieres?
Por todo lo que me dices se me hace que ves al amor con malos ojos.
¿Hay otra forma de verlo?
Hay muchas, hablando del amor de pareja. Ya encontrarás tu propia manera de verlo.
Es sólo que todos los ejemplos de parejas que conozco han fracasado en el amor.
Mira, aunque a mí también me ha ido mal, la mayoría de las veces me fue bien.
¿Qué tan bien?
Requetebien. El hecho de que esté sola no significa que haya sido desafortunada en el amor.
¿Te han querido bonito?
¡Ay, sí! ¡Mucho!
¿Los hombres pueden querer bonito?
Bueno, es que a mí no sólo me han querido hombres, también mujeres.
¡Órale!
No creas que el amor es un abismo lleno de lágrimas. Sé que no es el paraíso, pero hay veces que llega a ser tan dulce y tan jugoso como una piña, tanto que hasta se te escalda la lengua, pero no puedes dejar de comerla. 
Pues si lo que dices que tengo es amor a mí me sabe amargo como la cúrcuma.
Es porque no le has agarrado el modo. Por ejemplo, el tecito de cúrcuma a mí me sabe muy rico. Todo está en el modo de preparación, en el resultado de una excelente combinación de ingredientes. 
Mmmm… O en el gusto de las personas. 
¡Exacto! Piensa, por ejemplo, en un helado. No todos los helados son perfectos, ¿verdad?, ni siquiera el de beso de ángel, que a mí me sabe tan sabroso, te puedo asegurar que hay gente a la que se le hace empalagoso. Tendrías que buscar cuál de todos los sabores de helados que existen es tu preferido, pero para eso tienes que probarlos. 
No tengo ganas de comer helado.
Se vale. A mí no se me antoja en ocasiones, pero hay veces que me despierto con unas ganas…

 

No pensaré en más helados por el momento, pero sí pienso en lo que me pasó hoy en la mañana. Me estaba rifando unos trucos en la tabla para que unos chicos me grabaran y me subieran a TikTok. Últimamente he hecho muchos amigos en las rampas. Después de intentar un salto medio complicado resbalé y mi tabla salió volando. Cuando fui a recogerla me encontré con la desagradable presencia de don Rodo. Evidentemente nos reconocimos. Yo pude haberle escupido en la cara, pero dijo algo que no me esperaba para nada.

Gracias.
¿Gracias por qué?
Tú y tu novio…
No es mi novio. Nunca fue mi… Equis. Cortamos.
Lo siento, señorita. Nada más quería darles las gracias porque ayudaron a mi hija.
¿Quién es su hija?
Se llama Paz. No sé si la conozcas en persona, pero tu exnovio sí la conoce. Le ayudó el día que nació mi nieto.
¿Su hija es la pobre mujer que parió sola y a la que Román tuvo que ayudar?
Sí. Ella me platicó de él. Después vi un video de ustedes y conocí su noble labor. Estoy muy apenado por lo que pasó entre nosotros. De veras. Es algo que… Nunca me…
Oiga, no se ponga a llorar aquí enfrente de los chavos. Se van a burlar de usted.
Es que siento mucha vergüenza por lo que hice. Además de que dejamos sola a mi niña en el día de su parto. En serio yo… Yo, yo, yo, no… Yo…
Ya. A ver, ya me las cobré con usted. Igual su hija no tuvo la culpa de sus pendejadas, ¿verdad?
No… Nnnno… Nnnnn…
¡Ya! Cálmese. Acepto sus disculpas. ¿Cómo está su nieto?
Muy bonito. ¡Precioso!
Ándele pues, don chismoso. Váyase a cuidar a su nieto. Estamos en paz.
¡Cuánto te lo agradezco!

Eso fue… Empalagoso. Muy, muuuuuuy empalagoso. Sentí escaldados los nervios. El amor de ese viejo chismoso por su hija, por su nieto, es algo que… No sé. ¿Mi madrina sintió algo parecido a eso con sus parejas?, ¿a eso se refiere cuando habla de la dulzura del amor?

Si es así, yo no lo quiero.

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